Reflexiones sobre la Producción Popular

La Economía Popular o Social (mejor definida  como Producción Popular) es un movimiento que tiene una historia corta, pero suficiente como para sacar algunas conclusiones.

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En la Argentina su origen está vinculado al movimiento piquetero, que empezó a sentirse con fuerza a mediados de la década de 1990. Desde entonces, el eje de los reclamos de las organizaciones que empezaron a nuclear a los trabajadores excluidos estuvo centrado en la demanda al Estado de atención a ese sector, que sufre las consecuencias de una economía cada vez más concentrada y un sistema laboral que cercenó todos los derechos que pudo a los trabajadores.

La proliferación de planes sociales es la respuesta histórica a este planteo, con mayor atención cuando hay gobiernos populares. Claro que esta modalidad tiene un límite marcado por dos ideas centrales:

1.- Los ingresos por planes sociales deben estar por debajo del salario mínimo para que no se fomente el “vivir del Estado”, un prejuicio siempre presente en el imaginario de un sector de la población que no recibe planes .
2.- Los planes sociales irán desapareciendo a medida que el mercado laboral absorba la mano de obra hoy desocupada. Con políticas adecuadas, se reactivará la economía y desaparecerá el problema.

 

La primera se cumple desde el primer momento. El salario social equivale a la mitad de un salario mínimo. Hoy una familia que esté amparada por los planes puede sumar como máximo un total de 23 mil pesos entre el ingreso de la pareja y el beneficio de la AUH para dos hijos. Son pobres, no pueden satisfacer sus necesidades básicas porque el índice de pobreza está en los 37 mil pesos. No importa en qué año se tome el parámetro, siempre ha sido así, quienes reciben planes sociales no salen de la pobreza.

La segunda idea es insostenible. El mercado de trabajo se ha modificado flexibilizando cada vez más las condiciones y ya no requiere la mano de obra intensiva que hizo fuertes a los sindicatos durante gran parte del siglo XX. No hay trabajo para la utopía del “pleno empleo” y el trabajo que hay se da en condiciones de cada vez mayor explotación.

La experiencia de este cuarto de siglo de la Economía Popular parece indicar que el camino de la exigencia al Estado como sostén único está agotado. Una familia que recibe planes sociales puede salir de la emergencia alimentaria y de situaciones de extrema pobreza, pero siempre será pobre.

La alternativa de una reactivación que permita incorporar a esos trabajadores a un mercado basado en el trabajo como una mercancía, donde el empleador busca sacar el mayor beneficio pagando lo menos posible, tampoco es la solución.

Mercado frente

Como la situación va a permanecer, hay que empezar a buscar nuevas ideas, nuevos caminos. Una estrategia posible es pensar que si quienes sufren la pobreza son los mismos que no tienen trabajo o son explotados por pertenecer al eslabón más débil de la cadena de producción, lo lógico sería que ellos mismos atiendan esa demanda produciendo sus propios alimentos, sus viviendas, su ropa y todos los servicios que demandan. Ahí el Estado tendría un rol central en la organización estratégica y sus recursos servirían para generar trabajo en condiciones dignas. A lo mejor, vale la pena intentarlo.

Eduardo Blanco –

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