La escuela de la vida

En la red social Facebook, Juanita Roja es una voz contundente y sensible, como lo demuestra este emocionante relato que publicó en su muro.

Juanita roja

Estaba solo sentado en un rincón del patio. Miraba fijo, con ojos hondos. Yo lo vi, y me pregunté qué estarían viendo esos ojos negros de altiplano. No era lo que estaba ocurriendo. No. La mirada estaba perdida en otra parte. En otro horizonte.
Había llegado con otro hermano hacía dos días. Era lunes. Su primer día de escuela. Esperábamos para izar la bandera, y él se había ubicado en un rincón, con su hermanito pequeño.
Se acercó una maestra a anoticiarme: esos niños empiezan hoy. El más grande va a tu grado. Yo era maestra de sexto y séptimo. Todavía no sabía que íbamos a compartir todas las tardes hasta fin de año, pero algo me clavó en su rostro, duro, cansado, tan niño aún y tan milenario.
En los grados altos se trabaja con otra maestra en forma paralela, cada una a cargo de áreas distintas. Yo daba Ciencias Sociales y Matemática y mi compañera Lengua y Ciencias Naturales. Éramos un gran equipo. De ella aprendí muchísimo, y recibí el empuje y la energía para organizar propuestas por fuera del aula. Tenía la suerte de compartir grado con una Maestra de aquellas, con mayúscula. Y teníamos una onda maravillosa que nos convirtió en grandes amigas. Nos conocimos trabajando ahí, y al día de hoy seguimos siendo amigas.
Enseguida pensamos, ahí, antes del izamiento, qué podíamos hacer para sumar a nuestro nuevo alumno. Armamos una actividad, y al iniciar el día juntamos a los dos grados en un salón bien amplio, para darle la bienvenida. Organizamos una especie de merienda temprana. Celebramos su llegada.
Después le preguntamos, a solas, para no exponerlo más de la cuenta, si quería preparar algo para contarnos de su tierra. Nos miró emocionado y aceptó.
Al día siguiente, trajo un aguayo de su madre, una foto vieja de su familia en el campo boliviano, y una wiphala. Algunas hojas de coca, y un frasquito con tierra. Nos fue hablando de cada cosa, con la pausa y el tiempo suave de su universo. Se veía visiblemente orgulloso de poder contar su mundo, ese que seguramente estaba mirando en el patio, el día que llegó y yo hice contacto con sus ojos por primera vez.
Los demás preguntaban curiosos, y muchos, descubrían que algunas de esas cosas estaban en sus casas, entre las cosas del padre, de la madre, la abuela. Se reconocían en esos objetos. Hallaban su propia historia silenciada en las palabras del recién llegado.
Carlos Choque se llamaba. Estaba feliz y aliviado de haber llegado y haber sido recibido con amor y con respeto. Mi compañera y yo éramos firmes observantes del trato y cualquier conducta discriminatoria, era severamente condenada. Los niños lo sabían. Los argumentos que dábamos eran irrefutables. Cualquier acto de discriminación, generaba una planificación entera, de semanas sobre el asunto para desmontar los elementos de sentido común que operaban. No los retábamos en el vacío. Explicábamos punto por punto las condiciones de posibilidad de esa discriminación. Los pibes se habían acostumbrado a pensarlo todo. Ellos mismos se autorregulaban. Entonces, Carlos, entró como un guante, y su relato fue recibido con genuina y respetuosa atención.
Pronto Carlos jugaba en el recreo como uno más. Con mi compañera estábamos orgullosas de nuestro trabajo.
Sin embargo nos preocupaba su hermanito, que había caído en cuarto grado, y seguía sentado solitario en el patio.
Le preguntamos a su maestra.
– Es que no entiende nada. Le tomé prueba de las cuatro áreas y no pudo contestar ni una pregunta. Se sienta en el fondo y vuela. Acá aterriza cualquier cosa. Y a esta altura del año! Repetirá y punto. Yo no hago milagros.
Hacía exactamente una semana que habían llegado al país. Arribaron un sábado, el lunes estaban ya en la escuela, y esta conversación sucedía siete días después. Nosotras no le habíamos tomado ninguna prueba de nada. Primero había que alojarlo. Darle la bienvenida. Tranquilizarlo. Intentamos explicarle a la doña, que esa criatura necesitaba un estímulo, que considerase su situación
– Todos tenemos problemas. Tendrá que aprender a afrontarlos
Y se fue
El director que era un gran tipo, nos escuchó y accedió al pedido de traer a nuestra aula al hermano de Carlos. Que nosotras nos íbamos a encargar de trabajar al nivel de él pero que ese niño no podía seguir a merced de esa mujer, inhumana, profundamente racista, pretendidamente superior, injustamente vestida con un guardapolvo blanco.
Carlos y su hermano estuvieron con nosotras todo el año. Empezaron en mayo, y en noviembre, vinieron un día llorando. La tía que los alojaba los había echado, y se iban a Laferrere, con la madre, sola, que soportaba otra vez un desarraigo en busca de alguna oportunidad. Recuerdo especialmente el abrazo que me dio, apretado, como suplicando permanecer ahí, suplicando en silencio un milagro.

Carlos apareció muchos años después por Lugano. Me lo crucé de casualidad. Claramente no lo reconocí. Era un hombre. Pero él sí y me abrazó emocionado. Sentí en un segundo el huracán de aquel lejano abrazo con el que nos despedimos en el patio de la escuela siendo un niño. Me estremecí, al saberlo bien, sentirlo entero.
Me habló de Evo. Estaba organizando su vuelta. Quería regresar a su tierra a colaborar con el proceso revolucionario del Estado Plurinacional. Se sentía orgulloso de que alguien como él, haya llegado a presidente. Estaba erguido y hermoso. Era un digno sobreviviente. Un hermano.
Vaya a saber qué fue de la vida de Carlos, pero estos días lo recordé especialmente. Y me lo imaginé levantando su whipala, en el Alto, con el puño cerrado bien arriba, defendiendo su historia, su identidad y su memoria.

Posted in: Sin categoría

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión /  Cambiar )

Google photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google. Cerrar sesión /  Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión /  Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión /  Cambiar )

Conectando a %s