Los pibes pobres no tienen derechos

Una historia dolorosa, demostrativa de la indiferencia del Estado ante la problemática de la salud y la discapacidad, contada por un periodista comprometido con la realidad.

Garraham

Si hablamos del Estado ausente, hablamos de Thiago y su mamá, Belén. Cada mes tienen que viajar de Santiago del Estero a la Ciudad Autónoma de Buenos Aires (CABA), porque el chico de 10 años debe tratarse en el Garrahan de un cáncer en la retina. Thiago está olvidado, descartado por culpa de este Gobierno.

El papá de Thiago es desocupado, mantiene a la familia cortando el césped y con changas (si encuentra). Belén tiene que gastar unos 5.600 pesos cada vez que se traslada a la CABA. Los pasajes los tiene que pagar Incluir Salud, la obra social de la Agencia Nacional de Discapacidad. Pero no.

El Estado Nacional hace un año y medio que le dice a Belén que “no hay plata”. Y desde hace cuatro meses le dice también que la prótesis que su hijo necesita “no está disponible”. Repito: la Agencia Nacional de Discapacidad le niega a Thiago sus derechos. Y le niega más.

Como tienen que juntar pesito a pesito, compran el pasaje más barato. A veces el viaje dura hasta 22 horas. Y entonces Thiago no puede tomar a tiempo la medicación que necesita. Doble castigo para él. O triple.

Cuando Belén va a sacar los tickets reservados a personas con certificado de discapacidad, las empresas de transporte (sin control del Estado, se ve) le dicen que ya no hay más. Nunca hay más. Pero qué casualidad. Por suerte, la Casa Garraham les da alojamiento y comida.

Como si la desidia y el abandono del Estado no fueran suficientes, los médicos residentes del Garraham que cuidan a Thiago como si fuera su hijo hace cuatro meses que no cobran. No hay plata para ellos, tampoco.

La familia de Thiago pide ayuda, ayuda que tiene que proporcionarla el Estado, porque para eso se pagan los impuestos, porque eso es lo que determina la Ley de Discapacidad, porque eso es lo que se entiende por igualdad y justicia social. Con este frío, el chico estaba en sandalias.

Le pedí a Thiago que sonriera para la foto. Porque es un pibe, porque extraña a sus siete hermanitos y a sus amigos, porque es hincha de Boca, porque quiere ser periodista, porque de tanto que le niegan debemos preservar, pese a todo, su derecho a ser feliz.

Diego Petrafesa

 

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