En derechos humanos, Lanús no tiene nada que festejar

Este año se festejan los 75 años de Lanús. Actos oficiales, obligatoriedad de construir proyectos escolares para la ocasión, y mucha campaña política.

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En un festejo,  se elige qué acontecimientos celebrar y con quién celebrarlos. Por supuesto que el intendente no va a pasar ni cerca de las barriadas pobres de Lanús. No va a pisar Chingolo, aquel barrio que todavía no sabe dónde están los cuerpos de sus muertos, tampoco va a pisar Villa Jardín, aquel barrio que tras años de ser invitados con panfletos tirados por avionetas a irse de sus casitas, tuvo que vivir la humillación de un mes sitiado por el Gral Camps en plena dictadura militar.

Nosotrxs no venimos a festejar. Venimos a conmemorar laburantes y doñas que como las de hoy, se acercarían a cualquier festejo municipal por no poder pagar un cine, pero que además de salir de paseo los domingos decidieron poner el cuerpo para que Lanús crezca. Y no solo la avenida Pavón, y no solo la peatonal, o algún nuevo basurero industrial, sino las barriadas.

Aquel pueblo que exigió agua, luminarias, cloacas o al menos pluviales y las obtuvo, pero no sólo como promesa de campaña. Aquel pueblo que soñó con proyectar qué necesitaba a su alcance, y empujó la construcción de jardines municipales y centros de salud.
Aquellas y aquellos lanusenses que perdieron 400 compañerxs, 400 desaparecidxs en el distrito, y siguió luchando. De hecho, cuando con el terrible ajuste del 75, el Rodrigazo le apretaron el cogote, después de los despidos y cierres de fábricas, después de años de dictadura, en el 1982 se levantaron e hicieron el lanuzaso. Las doñas salieron con el camión de repartos a anunciar por megáfono la gran movilización por la suba de las tasas municipales, pero que empalmara con decenas y cientos de movilizaciones que terminaron echando a la dictadura y abriendo paso a la democracia.
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Lanús fue cuna de luchadores, sí. Y no es casual que el miedo nos haya quedado circulando por las venas. Cuanto silencio sobre ese tío que nunca volvió, sobre la vecina que se mudó. Cuanto clientelismo soportado con hambre con las dinastías de políticos que nos gobiernan.

Pero Lanús fue cuna también de represores. Antes de la dictadura ya, había mercenarios de la triple A persiguiendo a los metalúrgicos y obreros del calzado de Valentín Alsina. La comisaría 3° fue el centro clandestino donde se recuperó a los pocos sobrevivientes de la noche de los lápices para que no reaparecieran tan desfigurados. La misma comisaría que tenía un permanente circular de personal y vehículos con Campomar. Una docena de testigos, que incluyen un ex detenido del centro confirman su funcionamiento como centro clandestino de tortura y detención. Otra docena de testigos esperan ser llamadxs por la justicia. No es casual que el megaemprendimiento  de viviendas de lujo que Gerardo Ferreyra de Electroingeniería (el último en salir de prisión domiciliaria por la causa de los cuadernos) quería hacer en Campomar, apoyado por la inmobiliaria del ex intentdente Diaz Perez, se haya esfumado por los aires cuando se vio que era imposible esconder lo evidente.

Tampoco es casual que en tantos años nadie hubiera osado construir nada en Fabricaciones Militares. Se hizo el puente, y la cantidad de huesos que salieron a la luz circularon en los whatsapp de la gente horrorizada que los encontraba, y que después callaba, para que no le prendan fuego el rancho. Hasta un ex milico se conmovió y nos contó cómo funcionaba Fabricaciones Militares. En el subsuelo del edificio que permanece en pie junto al puente, estaba la sala de torturas y los buzones. Se trasladaban presas al principio, en plena democracia, y luego presas y presos. Muchas veces se los redirigía a Campo de Mayo bajo órdenes de Massera, otras terminaban en La Plata, regimiento 3° de infantería en vuelos de la muerte. O en el Riachuelo, donde los encontraban río abajo les niñes de villla jardín. Hoy adultas y adultos que se deciden a declarar en la justicia. El lugar también conectaba con otro centro clandestino, posiblemente en funcionamiento ocasional en La Chanchería, Villa Albertina. No es casual que la policía no logre encontrar a este ilustre vecino arrepentido de su paso por la marina para que ratifique el testimonio ya presentado en Comodoro Py, incluso en presencia de abogados de DDHH y de Sergio Pimentel, militante de APDH La Matanza. Después de todo, la policía a la que se le encarga esta tarea es la de la comisaría quinta, que en los 70 construía falsos enfrentamientos y tiraba los cuerpos por las calles de Villa Diamante para aterrorizar ciudadanos, y que en el 2016 mató a un albañil, Maximiliano Orellana, a picanazos.

Los sádicos y represores de hoy se formaron bajo las órdenes de los represores de ayer. La triple A no era más que una patota parapolicial que cuando no tuvo más milicos en el poder, se las arregló para hacerse contratar por los políticos de turno, echando las raíces del narcotráfico que hoy  en pantalla gigante de la estación, nos presentan como “en jaque”… por un allanamiento en el que le revientan el rancho, con suerte, a algún flaco adicto de alguna villa. Con suerte, porque a lxs docentes de estos barrios los pibes nos cuentan que no ha faltado ocasión para que festejando un cumpleaños les caiga un grupos de fuerzas de choque con pasamontañas. Porque entrenan con los villeros, porque nadie les va a decir nada, porque son villeros. Porque los jubilados de la fuerza entraban con la montada en los pasillos, y los pibes, hartos de las razzias les tiraban los cables de luz encima. Porque es la misma policía que les cagaba el fin de semana y les cortaba el pelo por hippies.

A muchos, ni entonces ni hoy les molestó el accionar policial. Muchos no dirían tampoco nada, cuando lo mataban a nuestro vecino Carlos “Petete” Almirón, dirigente estudiantil, en las represiones del 19 y 20 de diciembre del 2001, o cuando asesinaron a nuestro Darío Santillán, del MTD Lanús en la masacre de Avellaneda del 26 de junio del 2002.  Los mismos que no le contarían a sus conocidos (antes del whatsapp) cuando  durante el 2002, el MTD Anibal Verón, como se llamaba entonces, recibía intimidaciones policiales y parapoliciales con armas de fuego. Los mismos que dirían que es paranoico pensar que las mismas fuerzas represivas que organizó la ultraderecha siguen buscando excusas para vender sus servicios a la política. Como cuando reventaron el comedor los cartoneritos de Caraza el año pasado, así.

No nos mintamos, en Lanús no todos los vecinos son iguales. Los hay de lustrosos zapatos, y zapateros. Las hay de joyas y las hay de manos ajadas de tanto fregar. Y desde la Comisión de vecinxs de Campomar elegimos pararnos del lado de quienes sufren las injusticias, no con quienes inflingen la violencia. Intentamos que si el Poder Judicial no funciona, el poder político no ve y el poder económico oculta, la historia les sirva a la gente que labura para entender donde estamos hoy, como llegamos hasta acá. Y como podemos cambiarlo, pero en serio.

Por memoria, verdad y justicia para los CCD Campomar y Fabricaciones Militares.

No olvidamos, no perdonamos, no nos reconciliamos.

Comisión de vecinxs de Campomar

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