La conspiración contra Lula y el PT

En Brasil crece la crisis política desencadenada por las revelaciones del portal periodístico “The Intercept” sobre la probable colaboración entre el juez que intervino en el encarcelamiento del expresidente brasileño Luiz  Inácio “Lula” da Silva y la fiscalía que lleva el juicio por corrupción en su contra, con la intención de impedir que el Partido de los Trabajadores ganara la presidencia. En la entrevista,  cuyos aspectos fundamentales se reproducen a continuación, Glenn Greenwald, su director, revela la importancia de la información recolectada.

lula 1

Amy Goodman:  El informe de “The Intercept” se basa en el valioso descubrimiento de documentos internos y conversaciones privadas del equipo de la fiscalía a cargo de la investigación sobre la “Operación Lava Jato”. Como consecuencia de ello, el Tribunal Supremo de Brasil anunció que volverá a considerar una apelación de Lula para ser puesto en libertad. También aumentan los pedidos para que Sergio Moro renuncie como ministro de Justicia. El Colegio de Abogados de Brasil ha solicitado la suspensión de Moro y que sean apartados del caso los fiscales que intervinieron en la investigación del escándalo Lava Jato.

Moro negó haber cometido delito alguno y afirmó que los mensajes fueron sacados de contexto. Escribió en una declaración: “Lamento que no se haya indicado la fuente, la persona responsable de la invasión ilegal a los teléfonos celulares de los fiscales. También lamento la posición del medio informativo que no se puso en contacto conmigo antes de la publicación, lo cual se opone a las reglas básicas del periodismo. En relación al contenido de los mensajes en cuestión, no hay indicios de ninguna anomalía ni de instrucciones proporcionadas como magistrado, a pesar de que fueron sacados de contexto y a pesar del sensacionalismo de los artículos”.

Glen Greenwald:   Brasil es un país que se ha visto sacudido por múltiples crisis políticas: la destitución de la ex presidenta Dilma Rousseff, del Partido de los Trabajadores, que sucedió en la presidencia a Lula; el ascenso del presidente de extrema derecha Jair Bolsonaro; una crisis económica y demás. Pero sin duda el evento reciente más importante  fue el encarcelamiento el año pasado del ex presidente Lula. No solo considerado internacionalmente como un gigante de la democracia elegido dos veces de manera abrumadora, en 2002 y 2006, sino también porque su presidencia tuvo  éxito en sacar a millones de personas de la pobreza y dejó el cargo con un índice de aprobación del 87%, lo cual no tiene precedentes.  Poner a alguien así en la cárcel es de por sí un hecho de gran trascendencia. Pero tuvo una relevancia aún mayor debido al hecho de que todas las encuestas mostraban a Lula, que estaba nuevamente postulándose a la presidencia —la primera vez había dejado su cargo debido al límite de mandatos—, como el gran favorito. Todas las encuestas le daban  una ventaja de 20 a 30 puntos,  por delante de Jair Bolsonaro. Entonces, encarcelar a Lula significó, de acuerdo a la ley brasileña, que no pudiera presentarse como candidato y eso es lo que, en última instancia, allanó el camino para el ascenso de Bolsonaro al poder en Brasil, que es el quinto país más poblado del mundo, con enormes reservas de petróleo y el recurso natural más importante del planeta, que es el Amazonas.

Esta operación fue llevada a cabo por un grupo de fiscales y un juez, Sérgio Moro, que han sido convertidos prácticamente en superhéroes, por la prensa brasileña  e internacional. La revista “Time”  lo incluyó en su lista de las 100 personas más influyentes de 2016 y asistió a la gala de esa publicación en Nueva York. El programa televisivo “60 Minutos” le dedicó un enorme reportaje de propaganda, que lo mostraba como una noble figura anticorrupción. Y casi no se ha puesto bajo tela de juicio nada de lo que han hecho, a pesar de que utilizaron prácticas  cuestionables.

Desde hace  tiempo existe la sospecha aquí, en Brasil, de que estaban abusando de su poder con fines políticos y en realidad, eran ideólogos y agentes de la derecha que abusaban de la ley para destruir al PT, uno de los pocos partidos de izquierda en todo el mundo democrático que ha regido la política en un país importante y ha tenido éxito en programas para luchar contra la pobreza. El objetivo de la conspiración fue abrirle el paso al poder a la derecha.  Ellos siempre lo han negado con vehemencia. Han dicho: “No tenemos ideología. No tenemos preferencias partidarias. No nos importa quién gane las elecciones. Solo somos jueces y fiscales neutrales que aplicamos la ley”.

El archivo que nos proporcionó nuestra fuente, este enorme hallazgo de documentos secretos sobre sus comunicaciones internas, sus acciones, sus chats, sus audios, sus videos, es superior en tamaño al archivo de Snowden, que hasta ese momento era la mayor filtración de documentos en la historia del periodismo estadounidense y finalmente nos permite saber la verdad sobre lo que hicieron.

La razón por la cual los tres artículos que publicamos han sacudido a Brasil hasta la médula es que Moro, luego de llevar a Lula tras las rejas, se convirtió en la segunda persona más poderosa en Brasil, porque Bolsonaro creó lo que llamó un “superministerio de Justicia”, que ahora dirige Moro. Es como ser el fiscal general, pero con esteroides. Controla todas las fuerzas del orden, la vigilancia, las acciones de la policía.

Lo que este material revela son tres puntos clave. Número uno, muestra que dentro del equipo de fiscales se hablaba abiertamente de  asegurarse de que el Partido de los Trabajadores perdiera las elecciones.  En particular, hubo un juez que autorizó a Lula a dar una entrevista desde la cárcel 12 días antes de las elecciones. Ahí se asustaron y dijeron: “Necesitamos parar esto, porque si a Lula se le permite ser escuchado, hay una gran posibilidad de que lleve al PT a ganar, y tenemos que poner fin a eso”. Decían que rezaban todos los días para que el PT no regresara al poder. Por lo tanto, la afirmación que sostuvieron durante cinco años: “No tenemos preferencias partidarias, no nos importa quién gane las elecciones”, era una mentira absoluta. En segundo lugar, al igual que en Estados Unidos, el juez debe ser imparcial. Y desde hace tiempo se ha sospechado que Moro, cuando actuaba como juez de esta causa y debía dictaminar si Lula era culpable, si otros dirigentes de izquierda y de otros partidos eran culpables, en realidad, estaba colaborando en secreto con los fiscales para elaborar el caso.

El jefe del equipo de fiscales, Deltan Dallagnol, que es un héroe nacional en Brasil, escribió un libro en el que afirmó: “Estas acusaciones son indignantes. Son repugnantes”. Hay un video en el que le preguntan acerca de esto a Moro y él está tan enojado que hasta se burla con una sonrisa y responde: “La gente habla de esto como si fuera la investigación del juez Moro o la estrategia del juez Moro. La gente no entiende. Los jueces en Brasil no intervienen en la investigación de los casos. Nuestra valoración es pasiva. Simplemente escuchamos a ambas partes, escuchamos las pruebas y tomamos decisiones”. Lo que muestran las conversaciones que publicamos entre Moro y el jefe del equipo de fiscales es que el juez  estaba constantemente dirigiendo, elaborando y diseñando toda la investigación. Les gritaba cuando estaban haciendo cosas que pensaba que eran equivocadas, les indicaba cómo fortalecer más la acusación, no solo contra Lula, sino también contra otras personas. Básicamente, comandó el equipo de la fiscalía y luego se sentó en el tribunal como si fuera un árbitro imparcial. Todo lo que negaron con vehemencia ante la opinión pública lo estuvieron haciendo durante años, como lo muestran estos documentos.

La tercera revelación clave, es que la causa específica por la cual se juzgó a Lula, a saber, la acusación de haber recibido lo que llaman “un apartamento triplex”, con el fin de que suene  muy glamoroso, cuando, de hecho, era un departamento de mala calidad y venido a menos. El cargo era haber cometido ese supuesto delito a cambio de ayudar a la empresa constructora a conseguir contratos,  aunque sabían que carecían de pruebas, incluso tres días antes de acusarlo.

Las consecuencias  han sido enormes, porque Moro era la persona más respetada. Incluso sus más fervientes y leales defensores, a raíz de estas revelaciones, han dicho que no hay manera de defender esta conducta. Uno de los periódicos de derecha más importantes de Brasil, “O Estado de São Paulo”, que lleva cuatro años aclamando y alentándolo, ha dicho que tiene que renunciar y que el jefe del equipo de fiscales debe ser despedido, tan solo en base a los tres primeros artículos que publicamos. Y eso es indicativo de un sentimiento generalizado.

Moro

Juan González: Es obvio que las conclusiones a las que llegaron en sus informes son explosivas. ¿Podrías hablar un poco sobre el tipo de archivos que tienen? En otras palabras, puedo entender que haya mensajes de texto de los celulares  de los involucrados  en el asunto, pero mencionabas  audio. ¿Estas personas grababan sus propias conversaciones? ¿Podrías comentarnos acerca de la naturaleza de los documentos que tienen?

G.G.: Aun no hemos publicado ninguno de los audios, así que me resisto a ahondar  sobre ellos, pero no me refiero a que estaban grabando sus propias conversaciones, sino a que a menudo se comunicaban entre sí utilizando aplicaciones en sus teléfonos que permiten tanto escribir mensajes, como dejar mensajes de correo de voz. Debido a que, a menudo, especialmente para asuntos complicados, uno no quiere escribir párrafos extensos,  se obtiene una gran parte de sus conversaciones porque están hablando entre ellos en monólogos de uno, dos, tres minutos de ida y vuelta. Esos son los audios que tenemos.

AG: El Colegio de Abogados de Brasil ha pedido que Moro sea suspendido y que el grupo de fiscales involucrados en el escándalo sea disuelto. Sin embargo, como has señalado, Glenn, Bolsonaro lo convirtió en una especie de superministro de Justicia, reuniendo bajo su órbita las funciones de aplicación de la ley, vigilancia e investigación. Esto lo convierte, como lo has señalado, en la segunda persona más poderosa en Brasil. ¿Entonces, cómo sigue esto?

GG : Es muy interesante, Amy, porque esta historia me recuerda, de muchas maneras,el caso de Snowden.  Recordemos que la historia  comenzó cuando Snowden escuchó a James Clapper testificando en una audiencia en el Senado, y vio cómo miró a los senadores y les mintió en la cara cuando le preguntaron “¿Está recolectando datos sobre millones de estadounidenses?” y él dijo: “No, señor, no estamos haciendo eso. No tenemos tal programa”. Y fue muy impactante para Snowden ver a alguien que ocupaba una posición tan importante mentir como un sociópata, y eso es lo que finalmente llevó a Snowden a decidir, con determinación, “necesito mostrar la verdad”. Esa es la misma reacción que me produce escuchar al juez Moro cuando mira a las cámaras y dice: “me irrita la idea de que tengo alguna participación en el proceso de investigación”, cuando ahora he leído todos los documentos y conversaciones de años, muchos de los cuales hemos publicado, y seguiremos publicando, que demuestran que hizo exactamente lo que negó que hizo, con su sonrisa descarada al mirar a las cámaras. Es increíble, aunque supongo que no debería serlo, la inclinación que tienen las personas que ocupan estos altos cargos de autoridad para mentir de manera tan sociopática sobre qué es lo que hacen.

En ambos casos, a quienes denunciaban el espionaje los llamaron conspiracionistas,  paranoicos, mentirosos e ideólogos de izquierda. Por supuesto, la condena que emitió  Moro, con independencia del hecho de que sucedió con un rapidez bastante extraña, y fue confirmada por un tribunal de apelaciones a tiempo para impedir que Lula fuera candidato en las elecciones, ahora es puesta en duda, porque todos hemos visto las pruebas deque el proceso que condujo a su condena fue profunda e intrínsecamente corrupto. La persona que lo halló culpable estaba haciendo exactamente lo que los jueces tienen prohibido. Y ahora el Tribunal Supremo debe decidir si esa condena se mantiene en pie después de lo que hemos mostrado.

JG: Claramente, en una democracia occidental hay dos maneras de remover a un presidente: por medio de las elecciones o a través de un juicio político y el encarcelamiento. ¿Hasta qué punto puede ser esto una señal para el resto del mundo, para otros países, acerca del escepticismo que se debería tener frente a las investigaciones contra los principales líderes políticos? Estoy seguro de que hay gente aquí, en este país, partidarios de Donald Trump, por ejemplo, que apuntarían contra el agente del FBI Peter Strzok y la ex abogada del FBI Lisa Page, por presuntamente brindar ayuda para remover a Trump de su cargo. Entonces, ¿hasta qué punto es todo esto una advertencia para que la gente de otros países sea cautelosa y escéptica, incluso ante lo que, inicialmente, parecen ser pruebas condenatorias contra un líder político?

GG:  Como ustedes saben, he sido una de las personas, junto con Noam Chomsky y Matt Taibbi, y algunos otros referentes aislados de la izquierda, que nos manifestamos escépticos en relación con el “Russiagate”, en parte porque sabemos que estas agencias tienen una largo historial de mentiras. Y el FBI y la CIA y la NSA de Estados Unidos se opusieron con ímpetu a Trump y querían a Hillary Clinton, porque confiaban mucho más en ella. Entonces, siempre hubo una preocupación por parte mía acerca de un uso abusivo de sus facultades procesales para interferir en las elecciones de Estados Unidos con el fin de ayudar a la candidata que querían que ganara y hacerle daño al  que querían que perdiera. Hubo otras facciones en el FBI, por cierto, que querían con desesperación que  Trump ganara y abusaron de su poder para sabotear las posibilidades de Clinton y ayudar a Trump a ganar. Así que hubo dos facciones diferentes al interior de estos organismos de seguridad que interfirieron en la elección presidencial por medio del abuso de poder para ayudar al candidato que cada uno prefería, lo cual es increíble. Esa fue la verdadera intromisión peligrosa en las elecciones de 2016.

Por supuesto, el paralelo es muy claro. En Brasil, desde 2002, la centro-derecha, la clase oligárquica, que, por cierto, fue próspera durante los años de Lula y el PT, sin embargo, aun así, quería asumir el poder. Le pregunté a Lula sobre eso. “¿Por qué la élite se opone tanto a usted si prosperó durante su presidencia? A pesar de que sacó a millones de personas de la pobreza, usted no era un socialista. No era Castro. No era Chávez”. Y él me dijo que era cultural. Odiaban el hecho de que alguien que provenía de una familia pobre estuviera en la presidencia. Alguien que no habla un portugués perfecto, que no leyó hasta que tuvo 10 años. Odiaban ver en los aeropuertos a las personas que solían ser invisibles en las favelas, ahora viajando en avión para visitar a su familia, teniendo la posibilidad de comprar apartamentos. Lo odiaban culturalmente. Sentían que les estaban quitando su Brasil. Y como no podían vencer a Lula, no podían vencer al PT por la vía democrática, abusaron de la ley con el objetivo de destruirlo.  Y esa es una advertencia seria que nos obliga a ser escépticos cuando quienes están en el poder lo ejercen en secreto.

Brasil es un país que ha sido realmente afectado por la corrupción, tanto con gobiernos de izquierda como de derecha, durante mucho tiempo. Estos fiscales son jóvenes. Tienen alrededor de treinta años. Creo que comenzaron con buenas intenciones, pero se embriagaron con su propio poder.  Nadie los cuestionaba. Los grandes medios de comunicación aquí en Brasil, con la excepción de “Folha” , dejaron de cuestionar lo que estaban haciendo. Cuando hay esa clase de fe puesta en alguien, ese tipo de poder corrompe a la gente. Y se corrompieron. Se politizaron. Pensaron que estaban por encima de la ley y podían romper las reglas, porque sus fines justificaban los medios.  Es una lección importante para aprender sobre el poder en general.

AG: Hay llamados para que Moro renuncie. Hay llamados para que Lula sea liberado. ¿En qué medida crees que esto es posible? Y finalmente, has dicho que este archivo es más grande que el caché de información de Snowden. Tienen mucha más información, que no han publicado. ¿Qué están haciendo con ella?

GG: Estamos trabajando arduamente para publicarla lo más rápido posible. Mucha gente está deseosa de ver más información, pero tenemos la responsabilidad, tal como hicimos con el caso Snowden, de asegurarnos de que lo que publicamos esté  hecho, profesionalmente y con precisión. Porque si cometemos un solo error, lo usarán para siempre contra nosotros, para deslegitimar la credibilidad de la información. Pero, en definitiva, habrá más, muy pronto.

Sobre tu pregunta acerca de qué va a pasar con Moro, qué va a pasar con Lula, mucho de eso depende de la calidad de los informes que hagamos y de cuánto más mostremos.  Pero creo que, incluso con lo que ya hemos mostrado… No digo que Sérgio Moro esté a punto de ser apartado del cargo, porque todavía tiene el apoyo de Bolsonaro y es fundamental para el gobierno. Pero, sin duda, ha quedado gravemente  debilitado, y ese debilitamiento continuará aumentando a medida que revelemos más cosas. No estoy seguro de que pueda sobrevivir a eso. Pero sí creo que existe una posibilidad cierta de que el Tribunal Supremo diga que la condena de Lula fue el resultado de actos inapropiados que no se pueden ratificar, que, como mínimo, necesita un nuevo juicio y que tiene que permanecer fuera de prisión mientras éste se lleva a cabo.

Traducción al español del texto en inglés: Iván Hincapíe. Edición: María Eva Blotta y “Democracy Now! en español”/es. Adaptación para la Argentina: laesquina.org

 

Posted in: Sin categoría

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión /  Cambiar )

Google photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google. Cerrar sesión /  Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión /  Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión /  Cambiar )

Conectando a %s