La economía de la miseria

En 2016, un grupo de mujeres cansadas de no conseguir trabajo decidió reunirse en Plaza San Martín, tirar sus mantas y vender ropa usada. Desde entonces, el flujo de feriantes creció a medida que aumentaba el hambre y la desocupación. Hoy son alrededor de 500 familias, entre adultos, adultos mayores, niños y niñas, las que han sido despojadas de su único medio de subsistencia: la venta de indumentaria y objetos usados.

ropa usada

Ir a la Plaza San Martín, en la Ciudad de La Plata, no se reduce sólo a  tirarse al pasto o llevar a los pibes y pibas a jugar. Al ingresar se percibe cierto aroma familiar: ellos jugando y las madres amamantando mientras un grupo de mujeres prepara la copa de leche para que sus hijos e hijas no pasen hambre ni frío. Se ven mantas, una pegada a la otra. Camperas, remeras, pantalones, cinturones, zapatos, tazas, revistas, libros, teléfonos viejos, herramientas, la lista de objetos usados en venta es interminable. Lo que más abunda es la ropa, que constituye la principal atracción: remeras desde 20 pesos, p jeans a 50, camperas a 400.

“Yo salgo de trabajar a las 10 de la mañana y de ahí me vengo para acá, para  juntar unos mangos más. Cada vez nos alcanza menos, y haga lo que haga igual no nos va a alcanzar”, dice Eva, una de las tantas manteras de la feria americana. “Hace años que estamos trabajando acá, pero cada vez es peor, cada vez hay más hambre. Ahora nos quieren sacar, por eso vamos a luchar para que no nos desalojen. La mayoría de las que vamos al frente somos mujeres”, completa. Finalmente, las sacaron.

“Estamos en plan de lucha,  exigiendo  que se apruebe la ley de zona franca que nos habilite como feria americana y así poder vender nuestras cosas”, grita Diego con un megáfono, en el borde de la plaza.

ropa usada 1

La ordenanza de feria franca rige desde 2008 y no se cumple. “Se quiera o no aceptar, existe esta normativa municipal de feria franca donde se establece  que en toda la ciudad hay determinadas plazas que están habilitadas para el desarrollo de ferias americanas, artesanales y frutihortícolas, con normas de convivencia, como días y horarios de armado, cuidado y limpieza del lugar, no armar sobreestructuras, gazebos o percheros o utilizar los bancos. En plaza San Martín las cumplíamos rigurosamente y solo usábamos mantas para exhibir la mercadería.

 

Amanda cuenta que “para las y los trabajadores de la economía popular, la plaza San Martín representa un espacio de supervivencia. Para el municipio, por el contrario, es un territorio en disputa. Ellos nos consideran salvajes e incivilizados. Los pobres no tenemos lugar, les damos vergüenza a Garro y a María Eugenia Vidal nos catalogan como  pobres, negros y sucios. Pero lo único que queremos es trabajar sin molestar a nadie”.

Amparándose  en la Ordenanza 6147  (Artículos 132 a 135), el Municipio de La Plata desalojó sin escrúpulos a les feriantes por “venta ilegal de productos”. La solución que les ofrecieron a las familias es mudarse a un predio donde funciona un paseo de compras ubicado  en 80 y 134,  lejos de la zona céntrica del casco urbano platense. Si aceptan ingresar, les otorgarían un puesto sin cargo por seis meses. Finalizado el plazo, deberán abonar un canon de 25.000 pesos, contar con monotributo, declarar la procedencia de la ropa y abonar 350 pesos por día de trabajo. Como si fuera poco, dentro del predio deberán competir con comercios que venden ropa y objetos nuevos.

“¿Sabes a cuanto vendés la ropa acá? a 20, 50 pesos. ¿Y vamos a ir a un predio donde tenemos que pagar 25.000? Yo a veces vendo menos de 300 pesos por día. Acá hay cada vez más manteros pero no porque se hacen más ricos, es por necesidad. Necesitan desesperadamente  vender aunque sea unos pocos pesos para poder comprar una garrafa”, relata Amanda,  y agrega: “Si no tenemos SUBE para llegar hasta el centro,  menos para ir a ese predio de venta de ropa nueva, ese paseo de compras que es totalmente distinto a una feria americana”

El viernes 7 de junio a las siete de la mañana, 500 efectivos policiales formaron un vallado humano alrededor de  la plaza. Desde entonces  hay una guardia diaria que se refuerza los días de feria. Hay más figuritas para completar el álbum: la Policía Bonaerense, la Policía Local, la División de Caballería (pero sin caballos), la UTOI (una estructura policial multipropósito de despliegue rápido). Es impresionante el operativo que proponen el Intendente Julio Garro y el secretario de Seguridad Municipal, Dario Ganduglia.

 

“La plaza, con esta guardia, indica claramente que no hay democracia plena ni estado de derecho y que se nos criminaliza cuando en realidad no somos comerciantes que enriquecen sus patrimonios, ni somos ilegales, sino que no estamos regulados por una deuda histórica del Estado hacia nuestro emprendimiento. Somos emprendedores que reciclamos, reutilizamos la ropa usada que ya pasó por IVA”, comenta Julián.

Mientras cientos de familias piden más seguridad en los barrios aledaños –y no tanto- al casco urbano, el intendente gasta el presupuesto municipal en efectivos emplazados  donde solo van a encontrar niños y niñas con hambre y familias buscando ganarse el pan de cada día.

“¿Sabés que feo que es que tu nieta te pida ‘pan, pan’?”.  Yo estoy a mate todo el día y le tengo que mentir, le tengo que decir que no tengo hambre”. Con los ojos empañados, Mónica cuenta el calvario que está pasando desde que la desalojaron. El hambre es un crimen que no se combate borrando del mapa a los pobres. ¿ que a tan solo diez cuadras de donde ellos están se cometen los crímenes más horribles Forman parte de la cotidianeidad las noticias de pibas secuestradas en pleno centro o de chicas que pudieron zafar por alguna u otra razón. Es obvio para los platenses que las redes de trata más peligrosas de la provincia recorren  la calle 1 desde 50 hasta 70 y  la diagonal 73 desde 60 hasta 66. Solo hay que saber ver de quien es el bolsillo  que se llena  con este conflicto.

La identidad feriante se encuentra en peligro de extinción, por eso hay que Recordar que emprender con ropa usada no es un crimen, el hambre si.

Texto y fotos: Marcelo Javier Moreno – Corriendo la voz 

 

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