La enfermedad de la miseria

 Nunca se fue del todo, pero hoy, al amparo de las políticas del macrismo,  la tuberculosis avanza  sin medidas sanitarias ni nutricionales que puedan contenerla.

 Siempre tuvo un halo de romanticismo y fue telón de fondo de las temáticas  de clásicos de la literatura como “La montaña mágica” de Thomas Mann. Sin embargo, y hasta la invención de la penicilina,  la tuberculosis fue una enfermedad maldita, culpable de miles de muertes prematuras. Cuando, erróneamente, se la creía erradicada, una noticia reciente golpeó con fuerza: sigue siendo una de las diez enfermedades con los mayores índices de mortalidad en el orden mundial. En la Argentina, sumida en la miseria por el macrismo y sus aliados, se registra todos los años un nuevo aumento en el número de casos. En 2017 se notificaron 11.659, lo que determina una tasa de 26,5 por cada 100 mil habitantes.

tuberculosis

Hay seis jurisdicciones que están por encima del promedio nacional: Jujuy, Salta, Formosa, Buenos Aires –donde se registraron cinco casos mortales en el último mes- Chaco y la Ciudad Autónoma de Buenos Aires, que cuenta con un presupuesto similar al de las más avanzadas ciudades de Europa. Cabe señalar que en el AMBA se concentra la mitad de los casos.

La Organización Mundial de la Salud ha determinado que la propagación de este mal generado por el bacilo de Koch se potencia en las poblaciones vulnerables, minorías, étnicas y migrantes y se agravan por condiciones de hacinamiento habitacional o laboral que facilitan que las personas estén expuestas durante más tiempo e incrementa, por lo tanto, las posibilidades de contagio.

Los síntomas más destacables son: fiebre, sudoración nocturna, tos intensa con expulsión de sangre, escalofríos, falta de apetito, pérdida de peso, debilidad, dolores de pecho y fatiga, los que son detectados con un sencillo análisis. La vacuna BCG, que permite prevenir la tuberculosis es obligatoria y teóricamente gratuita, pero hay serios problemas en la provisión, ya que el Gobierno no está cumpliendo con el calendario.

Por otra parte, el tratamiento –que dura unos seis meses- se dificulta debido a las actuales circunstancias económico-sociales que dificultan el acceso a la salud pública, razón por la cual existe una gran cantidad de pacientes que no llegan a completarlo y se arriesgan a una recaída que puede ser fatal.

Redacción La Esquina

 

 

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