Estrépito, lejanía y Memoria

¿Cómo recordar ahora el Cordobazo?  Los hechos parecen muy lejanos. Esas multitudes avanzando por la avenida Vélez Sársfield, aquel barrio Clínicas ocupado. Hechos que son cápsulas de la memoria, dramatismo en blanco y negro que deambulan como un meteoro errante. Las imágenes allí enterradas parecen depender de los aniversarios, como un aerolito que pasa en fechas fijas, de tanto en tanto. Allí se enciende la remembranza. ¿Pero es realmente así con el Cordobazo?

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Sin duda es una fecha fundadora  de la historia social argentina. Y si las fechas hablan –y ésta lo hizo con energía, el Cordobazo dialogó en términos muy vivos con el 17 de octubre del 45, la otra fecha fundadora.

Sobre el trasfondo de protagonistas y estilos semejantes, se recortan situaciones diferentes. El 17 de octubre no lleva el nombre de una ciudad sino de un mes. El Cordobazo no lleva el nombre de un mes sino de una ciudad. En el primero, irrupción sin insurrección, escisiones en el Ejército, luchas palaciegas, jolgorio popular, escenas del lavapies en la fuente y discurso en el balcón. En el segundo, en Córdoba, nuevo sindicalismo, irrupción con insurrección , el Ejército en las calles, escena de los corceles de Caballería retrocediendo –al revés que la infantería zarista en las célebres escalinatas de Odessa- y primera fisura irreversible en el poder central de la época. La Reforma Universitaria de 1918 y el Cordobazo de 1969 marcan una de las cuerdas internas de mayor resplandor social en la historia argentina del siglo. La primera, en su disputa sobre el sentido de las ciencias con el patriciado conservador: universidad con democracia.  El segundo en su disputa sobre los contenidos de la historia y el papel de las alianzas sociales transformadoras: industrialización con socialismo ¿Qué murmullos nos traen hoy estos nombres? Son nombres que, en efecto, vienen de lejos. Pero en toda lejanía hay memoria y estrépito, único modo de interrogar la historia pasada. Por eso sigue habiendo un estrépito “Agustín Tosco”, un estrépito “Atilio López”,  un estrépito “Salamanca” que vibran, es posible que muy quedo, pero es para decirnos que siguen ahí, como cíclicos meteoritos de la historia nacional.

Esperando justicia de los justos y esperando que la historia sea justa. Y en esa espera hacen sus ritos anuales de circunvalación sin arrogancia profesoral. Porque no es digno de ellos enseñar a los olvidadizos, sino decir que siguen ahí a cada memoria que se dispone a interrogarlos.

Horacio González (*)
(*) Columna de opinión publicada por el quincenario “Acción”,  primera quincena de mayo de 1999.

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