Automotrices: Lo que vendrá

Si hoy la desocupación alcanza niveles alarmantes, las perspectivas son aún peores. El derrumbe de la producción automotriz arrojará a la desocupación a miles de trabajadores de las más disímiles actividades.

La crisis de las terminales automotrices, que han sufrido en abril una caída interanual de la producción del orden del 34 por ciento, obedece a causas muy concretas: la abrupta caída de los ingresos de los sectores medios, la indiscriminada apertura importadora que relegó a los vehículos con mayor integración de piezas fabricadas en el país en beneficio de unidades manfucturadas en Japón, la disminución de la demanda brasileña, el impacto de los brutales incrementos de las tarifas de servicios públicos, las desmesuradas tasas de interés que prácticamente han  exterminado  los planes de financiación. Lo cierto es que todas las plantas están trabajando a la mitad de su capacidad instalada y solo se venden unidades vinculadas con la próspera actividad agropecuaria. Así, el producto más vendido del mercado es la pick-up Hillux, un modelo que jamás podría confundirse con un utilitario.

automotriz

 

De allí que la consecuencia lógica de este derrumbe sea la destrucción de empleos tanto directos como indirectos. No se puede obviar que la industria automotriz representa el seis por ciento de los puestos industriales y que de su prosperidad dependen las empresas autopartistas, las que proveen electrodos, limas y otras herramientas para la fabricación de los vehículos y hasta las textiles que confeccionan los uniformes que utilizan los operarios. Las suspensiones y los despidos hormiga ya han comenzado. Se estima que las suspensiones superan las diez mil y en los próximos meses el número llegará a duplicarse. En cuanto a los despidos, ya son más deseis mil.

Lamentablemente esto no es sino el anticipo de una catástrofe que resultará inevitable en la medida en que  siga vigente la actual política económica, lo que es irreversible en el corto plazo. Sucede que las grandes empresas multinacionales fijan el número de sus operarios mediante un mecanismo que establece la proporción entre las unidades fabricadas y el personal ocupado. Por tanto, salvo que la baja obedezca a motivos coyunturales que puedan superarse rápidamente, los despidos son inexorables. La secuencia habitual es: eliminación de las horas extras, vacaciones anticipadas, suspensiones con una proporción del salario garantizado hasta culminar con las extensas listas de operarios y empleados prescindibles.

Quienes conocen la actividad, aseguran que en el próximo trimestre se producirá la hecatombe que convergerá con el derrumbe de las pequeñas y medianas empresas de los más diversos rubros, pero especialmente metalúrgicas, que dependen estrechamente de las automotrices.  Pero lo más grave es que la resistencia obrera a estos planes de exterminio estará condicionada por los enormes stocks acumulados en las playas, razón por la cual un paro de actividades solo favorecería a las patronales. Los trabajadores, que han sido manipulados por sus gremios, entre ellos el SMATA y la UOM que fueron  incapaces de generar alternativas para detener el embate de las políticas macristas, deben discutir  otros métodos de lucha, entre los que no puede descartarse la ocupación de las plantas.

D.V.

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