¿DE QUÉ JUSTICIA HABLAN?

Víctor Brusa, condenado varias veces a más de veinte años de prisión, descansa tranquilo en su casa. En tanto, decenas de compañeros, perseguidos políticos sin condena, habitan las cárceles. 

Victor Brusa

 

Conocí a Víctor Brusa en la madrugada del 22 de noviembre de 1977.  En un Centro Clandestino de Detención Torturas y Exterminio situado en la esquina de Bv. Zavalla y Tucumán, al interior de la seccional cuarta de la policía provincial.  Luego de demolerme a golpes y otras formas de tortura, el entonces funcionario judicial, luego ascendido a Juez Federal por el Senado Nacional (1992)  a propuesta de Carlos Reutemann y Gurdulich de Correa, amenazaba con nuevas torturas si no firmaba un acta fraudulenta sobre el interrogatorio.

Lo denunciamos en 1992 cuando ascendió, lo reiteramos en 1999 en España, lo probamos ante el Consejo de la Magistratura ese año y en 2002 comenzó el juicio que en el 2009 lo consideró culpable de muchos delitos, entre otros de los sufridos por mí.

Llegar al juicio no fue fácil.  Jueces, obispos, ministros y políticos santafesinos, encabezados por los medios de comunicación hegemónicos, lo defendieron con uñas y dientes.  Hubo que recurrir a un conjuez por sorteo porque ningún juez se avenía a instruir la causa,  y hubo que recurrir a extranjeros porque ningún magistrado santafesino quiso ser parte del tribunal que lo juzgó.

Su primera condena fue a 23 años pero en pocos meses, el mismo tribunal pretendió liberarlo con un cálculo matemático delirante: 4×8 = 98 o algo así por lo cual pretendían liberarlo.  Fracasaron pero no dejaron de conspirar.  Fue un radical, ex ministro de De la Rúa, Ricardo López Murphy, quién les aportó estrategia: en agosto de 2013, en una reunión con familiares de genocidas, les confesó que no había espacio social en la Argentina para la amnistía pero si para  pedir que la condena se cumpliera en sus domicilios, o sea que se anule dadas las condiciones privilegiadas de vivienda y ausencia de control estatal sobre ellos. Y así fue.  Hoy de 1004 condenados a privación de la libertad, 641 están en su casa, cómodos, servidos por empleados y gastando los millones que acumularon con años de servicio y corrupción endémica del Estado.

Ahora se fue Brusa a su casa.  Sin ninguna razón sanitaria.  Por el solo transcurrir del tiempo, por cumplir setenta años, como si no hubiera estado cuarenta en libertad inmerecida, por acción de esos mismos funcionarios judiciales que lo protegieron y protegen porque la inmensa mayoría de ellos son corporativos, elitistas, misóginos y de pensamiento colonizado y mediocre.

La misma corporación que encierra a Milagro, a Fernando, a Julio, a Amado, a Facundo y a tantas y tantos por mandato político de los mismos que la sostienen a pesar del bochorno que producen.

Brusa deberá volver a la cárcel y lucharemos para que así sea, con mis hermanas y compañeros de la causa, con el movimiento de derechos humanos todo y con aquellas y aquellos argentinos que quieran defender las garantías constitucionales, la memoria, la verdad y la justicia.

José Ernesto Schulman
Secretario de la Liga Argentina por los Derechos Humanos (LADH)

 

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