MATE AMARGO                   

Cuando ya se habla de un nuevo incremento en el precio de la yerba, que llegaría a costar 160 pesos el kilo, los tareferos son sometidos por monedas a un régimen de semiesclavitud. Trabajan hasta 16 horas por día durante seis meses, el resto del tiempo sobreviven con changas y no son pocos los que cobran en vales.

mate amargo

 

A las 4 de la mañana, suena el despertador de Jorge y de lunes a viernes la rutina es siempre la misma. En pocos minutos prepara su mate con la misma yerba que ha cosechado durante interminables horas de trabajo bajo las inclemencias climáticas. También enseguida tiene que tomar apenas unas cebadas, porque aún resta ducharse y preparar el almuerzo que comerá frio en el medio de los yerbatales. A las 6 en punto, pasa el micro que lo lleva al trabajo.

Es así desde que Jorge tenía 12 años, por eso no pudo terminar la escuela. Solamente llegó hasta cuarto grado. Por aquellos años soñaba con convertirse en camionero, pero sus padres, que eran tareferos, le transmitieron los saberes para que aprendiera rápido el oficio y pudiera colaborar con el pan en la casa.

La vida es difícil para ellos: “Empezamos a las 7 de la mañana y no tenemos hora de salida, a veces cargamos a las 4 de la tarde y si el tiempo está bueno, a las 5 o 6 ya estamos en nuestras casas. Pero si esta feo el día y se moja todo, hasta cargar la yerba y empujar el camión para que salga afuera, llegamos como a las 9 o 10 de la noche, y al otro día otra vez levantarse a las 4 de la mañana”, dice Jorge con la voz pausada y el acento típico de la tonada misionera.

Argentina es el segundo país productor de yerba a nivel mundial, el primero es Brasil. El 90% de esa producción está concentrada en la provincia de Misiones, donde se calcula que existen alrededor de 20 mil personas que viven de cosecharla. Los datos imprecisos sobre la cantidad exacta de trabajadores y trabajadoras se debe a la extrema precarización laboral a la que son sometidos, ya que entre otras cosas, un número importante no se encuentra registrado.

La zafra dura aproximadamente desde abril hasta septiembre, por lo que durante 6 meses los tareferos quedan a la deriva sin trabajo fijo y bajo un abandono estatal escalofriante. “Algunos que tienen profesión de albañil por ahí consiguen algo, y sino por ahí conseguís alguna changuita, pero no es para nada sencillo, explica Jorge.

Durante el periodo en el que no hay cosecha el gobierno paga un bono interzafra de 2500 pesos, pero según un censo realizado por la Facultad de Humanidades y Ciencias Sociales de Misiones, sólo el 7% de los trabajadores accedió a ese beneficio. El 88% no percibe ni siquiera un plan social para subsistir en ese periodo.

A raíz de esta situación y del cansancio de pelearla sólo con su familia, Jorge decidió hace algunos años unirse al Frente de Organizaciones en Lucha en la ciudad de Oberá. De ese modo, se junta con sus pares que tienen los mismos problemas. El primer recuerdo que se le viene a la cabeza es el de un corte que realizaron en la ruta para pedir que se aumente el precio del kilo de la tarefa y el pago del bono interzafra.

El año pasado realizaron un plan de lucha a nivel nacional mediante el cual consiguieron que el Ministerio de Trabajo de Nación se comprometiera a pagar un “bono de emergencia productiva” de 2000 pesos. Ese monto se sumaba al del bono interzafra para completar un total de 4500 peso. Sin embargo, desde  entonces el gobierno incumplió el acuerdo de manera sistemática con la excusa de que no tiene fondos para pagar.

“Los ricos nunca van a valorar a los pobres, sostiene Jorge con amargura y agrega que muchos patrones maltratan a sus trabajadores diciéndoles: “Si no te gusta, podes irte porque hay muchos en tu misma situación.” A su vez, sigue existiendo el pago en vales que sólo pueden intercambiar en ciertos almacenes y las condiciones de trabajo son de extrema precarización. Muchas veces tienen que acampar al costado de las tarefas en condiciones inhumanas. Asimismo, se registraron numerosos accidentes que se cobraron la vida de los trabajadores por trasladarlos hacinados en camiones en mal estado.

Las aspiraciones que Jorge tenía de niño ahora han cambiado e imagina otro mundo donde lucha para que “la humanidad sea toda igual, que no haya diferencia unos con los otros, que no haya diferencia entre los ricos y pobres, que seamos todo lo mismo. Pero si seguimos con este gobierno no vamos a lograr nada, cada vez estamos yendo más para atrás en vez de ir para adelante”.

Este hombre de 37 años, tiene seis hijos de diferentes edades y una esposa que también trabaja dentro del FOL. En la organización aprendieron a defender sus derechos y a salir a la calle para reclamar lo que es justo para todo el pueblo trabajador.

Cuando logra hacerse un ratito entre todas las tareas cotidianas, cuenta: “Yo siempre me siento y hablo con mis hijos y les explico que tienen que terminar los estudios para poder ser alguien en la vida, que no sean como yo, tarefero, porque no hay buenos resultados. Les hago ver lo que yo ando sufriendo. Y entre anhelo y anhelo, ya son las 4 am, suena el despertador y a empezar de nuevo

 

Informe y foto: Prensa FOL

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