La precisa II

Esta sección está dedicada a analizar con sencillez y claridad las cuestiones económicas que los grandes medios abordan con tecnicismos y complicados jeroglíficos para evitar que sean entendidas por la mayoría de la población.

Las trampas del macrismo

Uno de los curros preferidos de la dictocracia macrista es la subejecución de los presupuestos. La cosa es así: En el de 2018, se le asignaron, por ejemplo, 9.290 millones de pesos a Infraestructura y Equipamiento Educativo. Pero en lo que va del año solo se gastaron realmente 2.091 millones, lo que significa apenas 20 por ciento de ese total. El resto fue a parar a la bolsa de la que se sirven para espiar ciudadanos o se transfirió a otras partidas. En cambio, para Servicios de la Deuda Pública ya se ejecutaron 328.000 millones de pesos de los 409.615 millones previstos; esto quiere decir que al 30 de septiembre ya se había usado 74,9 por ciento del presupuesto, más de lo que hubiera correspondido. Claro, a los acreedores externos hay que cumplirles puntualmente.

Otra trampa habitual consiste en anunciar aumentos en las partidas que en verdad no son tales. Ocurre, por ejemplo, con las destinadas al sistema educativo, que nominalmente aumentaron 25 por ciento este año, por encima de la inflación estimada en el dibujo presupuestario, que es de 15 por ciento. Pero como la inflación real estará en el orden de 45 por ciento, la realidad es que caerán 20 puntos

POBRE

 

Así nos roban

En una economía dolarizada, la devaluación del peso tiene un impacto brutal sobre todos los productos de la canasta familiar, los combustibles y los servicios. Sobre todo, porque el gobierno que ha llevado al extremo esa situación liberó antes los precios de los combustibles, de la luz, del gas, del agua y, parcialmente, los del transporte. Pero además, aquellos que no tienen insumos importados sino que se producen en el país —el ganado vacuno, el trigo, el maíz, por ejemplo—, ya liberados de las retenciones, son vendidos en el país al precio internacional, una barbaridad que provoca, por caso, que un kilo de pan cueste 80 pesos en el “granero del mundo”.

Pero hay más todavía: en el caso del combustible, los aumentos fueron prácticamente quincenales, al ritmo de la suba de la divisa norteamericana. Los ajustes se produjeron prácticamente cada quince días y el último se concretó cuando el dólar llegó a los 40 pesos. En cambio, cuando la cotización bajó 3 pesos, eso no se reflejó en los surtidores. Como se suele decir: flotación, las pelotas. ¿Qué otra cosa se puede esperar de este gobierno? Para ellos, los subsidios son “distorsivos” cuando, como en el pasado reciente, son utilizados para favorecer la situación de los trabajadores y jubilados. En cambio, tienen la desvergüenza de imponerle a la sociedad entera que subsidie a los que más ganaron, las empresas productoras y distribuidoras de gas, o eliminar impuestos a las multinacionales que invierten en Vaca Muerta.

 

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