Si pagamos no comemos

 

 

El nuevo tarifazo en el gas y los combustibles que castiga a los trabajadores, a los jubilados, a los pequeños comerciantes e industriales, a las empresas recuperadas, no es una fatalidad ni una medida indeseada destinada a  evitar un supuesto “colapso energético”, fruto de “la pesada herencia”, como afirman los funcionarios gubernamentales,  sino uno de los pilares en que se sustenta el actual esquema.

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Como sucede en otros ámbitos de la economía, las petroleras, distribuidoras y transportistas de gas y electricidad son las que ejercen el poder en un ámbito fundamental para el desarrollo nacional. Nombran a sus personeros en el Gobierno, fijan precios a través de ellos, manejan los entes de control, se niegan a informar sobre sus costos y embolsan miles de millones a costa de un consumidor desprotegido. No por casualidad los socios, amigos y familiares del Presidente se lanzaron  a comprar a precio vil las empresas del sector y a valorizarlas mediante un demencial aumento de las tarifas, lo cual redundó en un incremento espectacular de las acciones  de estas compañías con la garantía de que ninguna medida gubernamental habría de afectar sus superganancias. Lo que en criollo se dice, estar de los dos lados del mostrador.

De esta manera, el macrismo se burló de las promesas preelectorales con las que logró hacer pie en vastos sectores de la población, pero en cambio cumplió a rajatabla con las que tenían como destinatarios a sus aliados del campo y la ciudad. De allí que la política tarifaria sea absolutamente coherente con el verdadero e inconfesado programa de Cambiemos: devaluación del salario y las prestaciones asistenciales, reducción del gasto público –léase desinversión en educación y salud- brutal endeudamiento externo, sometimiento a las reglas fijadas por el FMI y los grandes capitales internacionales.

Un somero análisis de los números de la economía demuestra que la excusa de que la desmesura tarifaria apunta a la reducción del déficit fiscal es una burda mentira.  Lo que en verdad se busca es imponer a cualquier precio –aún al del estallido social-  una brutal transferencia de recursos desde los consumidores a las empresas en nombre de la sacrosanta rentabilidad que nunca se vio afectada, ni siquiera cuando las tarifas estaban congeladas, porque recibían jugosos subsidios que fueron a parar a los bolsillos de los empresarios, porque no fueron reinvertidos. El plan parece perfecto, pero no tiene en cuenta un factor decisivo: como lo demuestran las movilizaciones que diariamente protagonizan centenares de miles de personas, los ajustados no están dispuestos a resignarse a la miseria a la que pretenden condenarlos.

 

DV

 

 

 

 

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1 comentario en “  Si pagamos no comemos Deja un comentario

  1. Desde luego comparto el análisis. Lo que me preocupa es que a esta altura la movilización ya no les hace mella. A lo único que parecen tenerle miedo es a un “estallido”… Sé que no es lo mejor, pero lamentablemente no hay dirigencia política, gremial o social que esté a la altura de las circunstancias y permita organizar otras acciones. Por ejemplo un ‘no pago’ masivo, con cuadrillas de defensa ciudadana para impedir los cortes de los servicios. En fin, seguimos en el horno. Abrazo flaco!!!

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