EL TRAGICO DESTINO DEL POSADAS

 

El Hospital Nacional Profesor Alejandro Posadas está sufriendo una sangría que pone en peligro la salud de los pacientes y hasta su propia existencia. Las decenas de cesantías que se han producido en los últimos días por iniciativa de las autoridades del gobierno de los ricos afectaron a profesionales de fama internacional en la detección y tratamiento de enfermedades oncológicas, a profesionales destacados de otras especialidades y a enfermeras y enfermeros con una larga experiencia que no podrán ser reemplazados eficientemente por estudiantes monotributistas como pretenden los ignorantes ajustadores.

h. posadas 1

 

Una carta que ha circulado en las redes sociales, firmada por una trabajadora del Hospital Posadas, Karina Almirón, la única técnica en anatomía patológica especializada en inmunohistoquímica de todo el hospital, revela claramente la irresponsabilidad de quienes pretenden arrasar la medicina pública: “Entré a trabajar en el hospital Posadas en el año 2002, reemplazando a técnicas que se habían ido a vivir al extranjero por la crisis del 2001, soy técnica de anatomía patológica especializada en inmunohistoquímica, el estudio que hago permite determinar qué tratamiento se hace a cada paciente con cáncer y otras enfermedades, profesión que elegí a los nueve años cuando una prima mía de 11 falleció por un tumor cerebral. Tengo dos títulos terciarios y formación en bioseguridad, gestión de calidad y manejo de equipos. Rechacé puestos de trabajo en Casa Cuna, en el Roffo, en el Sommer, porque no quería renunciar al Hospital Posadas, a mí hospital. A pesar de las condiciones de trabajo y el sueldo miserable, porque sabía que del otro lado había pacientes esperando un resultado.

Yo misma enferme de cáncer en el 2005, y supe en carne propia lo que es esperar el resultado para definir un tratamiento. Seguí apostando a defender y sostener la salud pública, porque es un derecho básico y universal que a ningún ser humano le puede ser negado. En estos años vi pacientes que fueron a cuatro hospitales diferentes antes de llegar al Posadas. Vi Gente humilde romper la receta al salir porque no tenían plata para comprar el remedio. Pacientes que venían caminando desde muy lejos porque no tenían para viajar. Gente en situación de calle buscando refugio y comida en nuestro hospital. Vi mujeres víctimas de violencia de género buscando ayuda.  Ví compañeros que dieron literalmente su vida, como Emanuel García, tirado al vacío por un paciente psiquiátrico, o compañeros que murieron por enfermedades causadas por el estrés y la insalubridad de nuestro trabajo.

Estuvimos al pie del cañón durante la gripe A, el accidente ferroviario de Castelar y dimos respuesta a miles de contingencias sanitarias.
Conmigo despidieron a enfermeros de terapia intensiva pediátrica, de  unidad coronaria, de hematooncologia pediátrica.

Están vaciando el hospital, privatizando sectores y luego vendrá el arancelamiento a los pacientes. En definitiva, las consecuencias del ajuste la paga el pueblo pobre. No tenemos que permitirlo. Por nosotros, por nuestros hijos, por los pacientes, porque el Hospital Posadas es parte de nuestras vidas”.

hospital posadas

Cabe señalar que el establecimiento hospitalario fue inicialmente planificado para atender afecciones pulmonares y respiratorias y diseñado de acuerdo a las necesidades de los enfermos, entre ellas  espacios abiertos y balcones orientados hacia el sol. El edificio se inauguró en 1958 con el nombre de Instituto Nacional de Salud. Algunas de las especialidades eran Hematología, Neumonología, Alergia, Gastroenterología y Alergia. Una década después, por recomendación de la Organización Panamericana de la Salud y en atención al crecimiento demográfico de La Matanza y a la escasez de centros asistenciales en la zona,  se replanteó su estructura para convertirlo en un Hospital General de Agudos. En 1972, cuando ya trabajaban allí más de 1.900 personas fue rebautizado como Policlínico Profesor Alejandro Posadas.

 

La dictadura militar instauró el terror en el predio.  Se produjo el ingreso de grupos de combate pertenecientes a las Fuerzas Armadas, que detuvieron a decenas de trabajadores que fueron trasladados a Coordinación Federal y a los penales de Olmos y Villa Devoto, en tanto se organizó un sistema de vigilancia interna que se montó en torno de un Centro Clandestino de Detención, conocido como El Chalet que funcionaba en los terrenos del hospital en el que se torturaba y asesinaba a los miembros del personal a los que se había acusado de cómplices de las organizaciones armadas que luchaban contra los genocidas. Hasta hoy, permanecen desaparecidos once de ellos.
Los restos de una de las víctimas, el médico Jorge Roitman, secuestrado por una patota militar  el 2 de diciembre de 1976 en su casa de Ramos Mejía y trasladado al Chalet, fueron hallados hace pocos días en ese lugar en circunstancias en las que se estaban llevando a cabo tareas de rutina. Posteriormente fue identificado por el Equipo Argentino de Antropología Forense. El juez Daniel Rafecas consideró que el hallazgo es fundamental para condenar a los autores materiales de ese crimen y el de otro empleado del hospital, Jacobo Chester  en el juicio que comenzará en marzo próximo. Uno de ellos es Luis Muiña, a quien la Corte Suprema le otorgó el beneficio del 2 x 1 en mayo pasado, desatando una multitudinaria repulsa.

 

 

 

 

 

 

 

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