Cuando los derechos se tuercen

El paraje La Noria está ubicado en el partido bonaerense de Cañuelas a 78 kilómetros  de la Ciudad  Autónoma de  Buenos Aires , en la denominada Cuenca del Salado, cuya topografía ha generado suelos con problemas de drenaje que se encharcan e inundan durante los periodos lluviosos.

Se trata de una zona rural cuya actividad principal fue históricamente la cría ganadera extensiva. En los últimos años, como consecuencia de la promoción del mercado interno, aumentó la subdivisión de los predios y se han multiplicado los galpones de cría avícola, explotaciones porcinas  y casas  de fin de semana.

En este contexto, la población rural vio favorecido su asentamiento en los predios, aumentó su número y su interacción social al poder acceder a las nuevas tecnologías de comunicación, ésto a pesar de las distancias entre las casas y las condiciones de aislamiento y dificultad de tránsito en los caminos vecinales durante la temporada de lluvias.

En el kilómetro 80 de  ruta 3 está enclavada la Asociación Civil Conciencia Comunitaria, más conocida como La Chovita, que realiza actividades culturales y educativas, con talleres de música  y plástica, entre otros. En ella funciona una sede del programa FinEs, que tiene como objetivo que los adultos puedan finalizar sus estudios primarios y secundarios.

Clase de la chovita 1bis

El número de alumnos llegó a superar 25, pero este último año los varones, que son asalariados en predios de la zona, han visto dificultada su asistencia, principalmente por la negativa de sus patrones a que asistan a las clases. Por esta razón, la matrícula se redujo a cuatro jóvenes mujeres. Con ese argumento, el inspector zonal de área adultos de la Dirección General de Cultura y Educación, Claudio Castillo, dispuso el cierre de la sede, lo cual impide que las alumnas terminen sus estudios secundarios, ya que, para hacerlo, deben trasladarse a Cañuelas con un gasto en transporte de unos $60 por día.

Para conocer más detalles de la situación, “La Esquina” entrevistó a la maestra Silvia Perez, uno de los puntales de la Asociación Civil Conciencia Comunitaria.

-¿Que edades tienen las chicas y que tareas desarrollan ellas y  sus parejas?

– Vanesa Tiene 25 años dos nenas de 7 y 9  y está construyendo su casa. Es ama de casa. Su marido trabaja en la cantera. Andrea, de 40, ordeña en el tambo, aparta animales en el campo y elabora dulce de leche y quesos. Tiene 4 hijos, dos mayores de 18 y 2 en edad escolar. Su marido es puestero; Luján, de 30 años, tiene 2 hijos en edad escolar. Hace todos los trabajos de campo junto a su marido que es puestero. Analiz es madre de 3 hijos. Hace todas las labores del campo con su marido que es puestero. Además trabaja como doméstica en Cañuelas. Todas elaboran y conservan alimentos caseros para el consumo familiar y tienen huerta y gallinas.

 ¿Cuales son sus expectativas respecto de la educación?

-Ellas sueñan con terminar el secundario y seguir estudiando para mejorar la calidad de vida de sus familias y ser un ejemplo para sus hijos.

¿Qué esperan que les aporte un título secundario?

– Fortaleza, seguridad, confianza en sí mismas, mayor capacidad para conocer sus derechos y defenderlos.

cartel de la chovita

– ¿Qué días y horarios tenían los cursos de FinEs, dónde se dictaban las clases y cuál era el perfil de los profesores?

– Los martes y jueves de 13.30 a 19  en la sede de nuestra asociación que está situada a 1.700 metros de la ruta 3, a la que se accede por un camino de tierra. Allí hay talleres por la mañana, por la tarde y por la noche, pero además alfabetizamos adultos mayores, incluso en sus propias casas. Los profesores eran seleccionados por la presentación de proyectos que evaluaba el inspector. Se les otorgaba un puntaje, de acuerdo al cual se confeccionaba un listado. La prioridad la tenían los que poseían título habilitante, en segundo lugar  los estudiantes de magisterio o profesorado y, por último, aquellos que demostraran capacidad y conocimientos para la tarea. A los profesores se les pagaba luego de tres meses de haber comenzado su actividad.

-Además de los que se derivaban de la cursada ¿qué otros temas traían las chicas a la clase?

-Había temas que se discutían antes o después de las clases, por ejemplo lo vinculado con la problemática laboral, el trabajo esclavo o las cuestiones de género.

Por el momento, en La Chovita, están a la espera de que se cumpla la promesa de restablecer el curso que les hicieron en el Concejo Deliberante. Dicen que hay que esperar, que recién se va a concretar en el segundo cuatrimestre. Es que, para los que menos tienen, el tiempo de los derechos nunca acaba de llegar.

Carlos Senosiain.

Música en la chovita1

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