“El movimiento me cambió la vida”

Margarita Pedrón Gómez es una joven campesina santiagueña perteneciente a la comunidad indígena Lule Vilela, llamada Rincón del Saladillo Cuna de los Rebeldes e integra el  Movimiento Campesino de Santiago del Estero Vía Campesina (MOCASE-VC). En esta entrevista cuenta su experiencia y los avances organizativos que se están registrando en el campesinado de su provincia.

-¿Cuándo tomaste contacto con el MOCASE-VC?

– Mis abuelos fueron fundadores del movimiento y desde muy chiquitos nos sacaban a las marchas o a los cortes de ruta. En  2008 empecé la Escuela de Agroecología en la central de Quimilí, y entonces di un paso muy importante que cambiaría mi vida porque conocimos a otros y otras jóvenes y comenzamos a tomar responsabilidades nacionales e internacionales. Me acompañaron mucho tres entrañables compañeros, Ángel, Deo y Adolfo y aún siguen siendo pilares fundamentales en mi vida. También tuve el apoyo de mis padres y mi familia. De allí en adelante fui creciendo personal, política y socialmente. Compartí tomas en comunidades que fueron desalojadas, pasamos noches enteras en los fogones y cortes de ruta y soportamos la violencia de la represión policial.

-¿Cómo te llevabas con la escuela?

-La dejé en sexto grado porque los maestros o no iban o nos aburrían y a mi parecer nos enseñaban muy poco. Mi preocupación era como superarme y ser alguien porque sabía que si no estudiaba las cosas se iban a poner más difíciles.

-Entonces, en plena adolescencia, empezaste a trabajar.

-Si, por suerte, solo lo hice durante dos años con patrones y supongo que eran como todos. Yo cuidaba una beba, pero terminé haciendo las tareas domésticas de esa casa. Volvía a la mía cada 15 días, después cada mes o mes y medio y me fui alejando de la familia y de la organización, pero siempre estuve al tanto de la actividad de Mocase Vía Campesina. Ellos me informaban permanentemente e incentivaban mi necesidad de participar. Si bien en mi casa tenía lo indispensable a pesar de que éramos diez hermanos, intentaba conseguir unos pesos para mis gastos, comprar zapatillas o cosas que te venden como necesarias.

-¿Fue en esas circunstancias que conociste  la Escuela Agroecológica?

-Sí, y como dije significó un cambio total en mi vida. Yo me la imaginaba como una escuela tradicional, como había sido la primaria. Unos meses antes, mis padres me comunicaron que Ángel y María querían que fuera a trabajar a la Central para que me formara. Así lo hice, dejé mi trabajo y aparecí en un día de mucho calor. Ángel me fue a buscar, pasó por un negocio y me compró un vaso de hojalata para el agua. Cuando llegamos a la Central había varios cumpas afuera y me presentaron a Fabiana que se encarga de la carnicería del Mocase y me dio todo lo que necesitaba. Yo sólo miraba sin decir nada.

-¿Cuáles fueron los conflictos más graves en los que participaste?

-Una vez,  en una comunidad le dispararon a un compañero, y en otra oportunidad me toco participar de un conflicto donde había más de 70 personas armadas apuntándonos. Hubo también desalojos violentos como los que terminaron con el asesinato de los compañeros Christian Ferreyra y Manuel Galván. Christian pertenecía a una comunidad indígena y era referente del movimiento. Lo mataron en 2011 y el autor material del crimen fue condenado a diez años de prisión, pero el autor intelectual, el empresario Jorge Ciccioli, fue absuelto. Miguel también pertenecía a la comunidad Lule Vilela y defendía su territorio ancestral del avance sojero de la empresa Agropecuaria La Paz. Era permanentemente perseguido por las policías de Santiago del Estero y Salta y a pesar de las numerosas denuncias de su familia, fue asesinado el 10 de octubre de 2012 a la hora de la siesta.

“La policía entra a nuestras casas cuando le da la gana, sin orden de allanamiento, y desaloja a las comunidades”

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-Por lo poco que se sabe en Buenos Aires, las incursiones de patotas armadas y el asesinato de campesinos parece ser una práctica común en Santiago y también en Salta.

-Exacto. Los empresarios tienen a su servicio grupos de gente armada que comete todo tipo de crímenes. El propietario de la empresa Manaos, Orlando Canido, por ejemplo, se la pasa amenazando y hace quemar los ranchos de nuestras familias, favorecido por la política neoliberal  de este gobierno, que persigue a las organizaciones sociales, como lo ha hecho con la Tupac y con Milagro Sala, que es una presa política. Es el comportamiento normal de la derecha en toda América Latina.

-¿Cuál es la actitud de la Policía y la justicia ante los reclamos y denuncias?

Ellos son servidores de los sojeros, de los que tienen plata. La policía entra a nuestras casas cuando le da la gana, sin orden de allanamiento, desaloja a las comunidades. Claro que este panorama está cambiando poco a poco con el crecimiento organizativo del MOCASE-VC que tiene repercusión nacional e internacional. Nos agrupamos en áreas de trabajo, producción, comercialización y formación. Cada uno decide en cual va a estar. Cada tres meses nos reunimos en una Asamblea General del movimiento, pero las comunidades y el Central lo hacen cada 15 días. Hoy abarcamos 11 departamentos con alrededor de 15 mil familias organizadas y formamos parte del Movimiento Nacional Campesino Indígena, de la Coordinadora Latinoamericana de Organizaciones del Campo (CLOC) y en el orden mundial, de Vía Campesina Internacional.

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-Cómo es tu vida hoy.

Soy madre de un niño de seis años, egresé de la Escuela Agroecológica, estoy dando clases, represento al movimiento en la CLOC, defiendo nuestras reivindicaciones donde toque hacerlo y soy vocera del MOCASE-VC ante los medios de comunicación. Hace muy poco comencé a estudiar la carrera de Comunicación Popular en la Universidad Campesina SURI, un emprendimiento ubicado en Villa Ojo de Agua que hace posible que cientos de campesinos y trabajadores de las ciudades puedan formarse en cuatro itinerarios pedagógicos: Agroecología y Desarrollo Rural, Derechos Humanos y Territorio, Música y Cultura Popular y Gestión de Medios Populares de Comunicación. El proyecto cuenta con el reconocimiento y apoyo de las Universidades Nacionales de La Plata y Quilmes, del Ministerio de Agricultura de Nación, de la Subsecretaria de Agricultura Familiar de la Nación y de numerosas organizaciones del campo popular. El objetivo del movimiento, en este sentido, es avanzar en la Soberanía Alimentaria y la Reforma Agraria Popular, y así seguir fortaleciendo el rol del campesinado y de los trabajadores urbanos como sujeto político, económico, cultural y revolucionario a partir de una lucha y una formación liberadoras.

Elisa Giordano

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